El jueves quedó marcado a fuego en la historia de Estudiantes de Río Cuarto. Después de 41 años lejos de la elite, el León volvió a jugar en el Antonio Candini por la Primera División y lo hizo con una actuación digna, intensa y cargada de emociones frente a Argentinos Juniors, uno de los equipos más competitivos del fútbol argentino. Fue 0 a 0, pero el resultado terminó diciendo menos de lo que pasó en la cancha.
Con las tribunas teñidas de celeste y un clima acorde a la ocasión, Estudiantes salió a escena para escribir su primer capítulo como local en la Liga Profesional. Hubo fuegos artificiales, aplausos largos y un recibimiento especial para un equipo que regresó al lugar donde siempre quiso estar.
Un partido trabajado, sufrido y peleado
El inicio fue favorable a la visita. Argentinos mostró mayor intensidad, circulación prolija y encontró en Tomas Molina una vía constante para lastimar. Al León le costó acomodarse, pero con el correr de los minutos fue equilibrando el desarrollo, principalmente cuando Martín Garnerone comenzó a hacerse eje en la mitad de la cancha.
El trámite se volvió disputado, sin demasiadas llegadas claras, hasta que el Bicho tuvo la ocasión más nítida del primer tiempo. A los 28 minutos, un pelotazo largo desacomodó a Gonzalo Maffini, Tomás Molina quedó mano a mano con Renzo Bacchia, quien respondió bien en el primer intento. El rebote le volvió a quedar al delantero visitante, que increíblemente definió cruzado y le erró con el arco a su disposición.
Ese fue el momento de mayor preocupación para el local. Después, Ojeda y Maffini lograron contener a Molina y el primer tiempo se fue cerrando con la sensación de que Estudiantes podía competir de igual a igual.
El León cambió con los retoques
En el complemento, Iván Delfino volvió a mostrar lectura del partido. Sacó a Alejandro Cabrera, de participación discreta, y apostó nuevamente por Siro Rosané, quien le dio otro ritmo al equipo. Con ese movimiento, el León ganó presencia, se adelantó unos metros y empezó a incomodar a Argentinos.
De hecho, en los primeros minutos del segundo tiempo, Estudiantes tuvo dos chances concretas para romper el cero, algo impensado en el arranque del encuentro. El equipo creció desde la actitud y no resignó nunca la idea de ir a buscarlo.
Promediando el cuarto de hora, se produjo el ingreso de Los Leones, la barra del club, que hasta entonces no había podido estar presente. Sin bombos ni banderas, pero con su voz, acompañaron el tramo final del partido.
El VAR, el penal y el suspiro final
Argentinos, conducido futbolísticamente por Federico Fattori, mantuvo claridad por el sector izquierdo y obligó a Estudiantes a redoblar esfuerzos defensivos. A los 24 minutos, Álvarez fue clave al ganar tres mano a mano consecutivos.
Cuando el empate parecía sellado, llegó el momento de máxima tensión. Ya en tiempo de descuento, el árbitro Jorge Baliño, tras revisión del VAR, sancionó penal para Argentinos Juniors. Todo el Candini quedó en silencio. Tomás Molina tomó la pelota, se perfiló y la envió por encima del travesaño.
El desahogo fue inmediato. El pitazo final selló un empate que dejó alivio, orgullo y la certeza de que Estudiantes está a la altura del desafío.
Un punto que construye
Fue el primer punto del León en su regreso a Primera, ante un rival armado, con rodaje y ambición. Estudiantes mostró orden, carácter y capacidad de reacción. Todavía está en formación, pero dio señales claras.
Ahora, el equipo de Delfino cambiará el chip y pondrá la mira en la próxima fecha: visitante de Banfield, el martes 3 de febrero desde las 19. La historia ya empezó a escribirse. Y el León quiere seguir dejando huella.